Ecuación de la elipse con centro fuera del origen

En la clase que tomarás a continuación, es un relato de la forma en la cual se “descubrió” de forma accidental, el método más famoso (y también sencillo) para trazar un elipse, es una historia muy curiosa te la comparto a continuación.“El Jardinero y la Cuerda”

Toussaret fue un jardinero de la corte de Luis XVI de Francia, y era ya un viejo, con las espaldas encorvadas a fuerza de trabajar y sobre todo de hacer reverencias. Además de Toussaret, había muchos jardineros bajo el sol de Luis XVI, quien, pasó a la historia por su elegante modo de vivir. Realmente Toussaret no fue ningún jardinero del otro jueves, pero le haríamos enfermar del disgusto si dijéramos que fue un simple peón de jardinería. Por lo tanto, seguiremos hablando de Toussaret, el jardinero, aun a sabiendas de que nunca fue muy allá, y de que fue más bien un bicho raro: su propio maestro opinaba que mientras trabajaba dormía con los ojos abiertos.

En todo caso, podemos imaginarnos a Toussaret en un caluroso día de verano, arrastrando una carretilla por el parque de Versalles, con los útiles de trabajo para plantar en un rincón un macizo redondo de unas flores raras que los colonos de Québec habían enviado al rey.

En el lugar asignado, encontró también una estaquilla en el sitio donde el maestro quería que estuviese el centro. Además, le había dicho que el diámetro había de tener seis pasos de longitud; y como Toussaret no era precisamente famoso por su memoria, lo primero que hizo fue medir los seis pasos antes de que se le olvidara el número. Después se puso a preparar la cuerda con la que iba a trazar el círculo.

En aquel entonces a los jardineros les resultaba más cómodo utilizar la cuerda doble, y variar su longitud mediante un nudo: así resulta un gran lazo, con el que se rodea la estaquilla; después se introduce en el también el aguijón, y con este se va trazando él círculo. Así lo hacía también Toussaret; Sólo que la desgracia, o la fortuna, como se le quiera llamar, hizo que le lazo que nuestro hombre arrojara a la estaquilla se enganchase también en un esqueje aislado, situado un par de pasos más allá, y que dicho sea de paso en descargo de Toussaret, muy bien podría pasar inadvertido a cualquiera.

Sin embargo, los que pasó después ya no era tan fácil que ocurriera a ningún otro jardinero de la corte, no siendo al simple Toussaret. Como hemos dicho, la cuerda se quedó aprisionada en la segunda estaca; Toussaret fue lo bastante distraído como para no darse cuenta, y trazó tranquilamente su línea; Quito la hierba, removió la tierra y la abono a conciencia. Por la tarde tenía un sorprendente sembrado de tierra negra y brillante que daba gloria verlo. No fue así, por cierto, como pensó el maestro jardinero, que se enojó cuando vio la figura de huevo macizo que Toussaret había preparado. Pero como el bandido se había ido ya a su casa, no le quedó más remedio al, maestro que descargar su ira gritando en medio del apacible parque las más escogidas palabras de su interminable repertorio, muy apropiado, por cierto, a un jardinero real.

El escándalo distrajo al duque de Grandlieu, y le hizo bajar salir de sus obstinados pensamientos que para no desentonar de esta historia de círculos frustrados, giraban alrededor de la bella marquesa de P. Como por otra parte; el duque era amante también de los caballos, y estaba acostumbrado al lenguaje de las cuadras, el tono del jardinero lo predispuso favorablemente, y se acercó a enterarse de lo sucedido.

Lo que vio, sin embargo, no fue un macizo deforme, sino un trazado bastante grandioso; y es más: le recomendó al jardinero que se frotase los ojos, y admirase la armonía de la figura.

El maestro volvió su cólera, y su sentido de las formas, que al fin y al cabo le había llevado al puesto de mayor de la corte del Rococó. Le permitió darse cuenta de que Toussaret había hecho algo verdaderamente sobresaliente.

Entonces, el buen hombre se fue corriendo a la taberna de Kergarouet, en St.-Cloud, a la orilla del río, donde solía pasar Toussaret la tarde. Lo busco entre el humo de la taberna y al fin lo encontró jugando al mus cerca de la chimenea: se dejó caer junto al viejo, y pidió una botella para beberla a la salud del genio de la forma recién descubierta.

Sin embargo, todo ocurrió como tenía que ocurrir: Toussaret no se había dado cuenta de que pudiera haber hecho otra cosa que no fuera un círculo, y ni aun con la mejor voluntad pudo explicar cómo había conseguido el tazado de aquella magnifica figura.

Sea como fuese, Toussaret había vuelto a descubrir aquella maravillosa figura que los antiguos griegos conocieron bajo el nombre de elipse. Míseramente el descubrimiento de Toussaret se elevó como una cometa para desplomarse en la nada.

Fuente

R, S. A. (14 de noviembre de 2010). sacrmatematica. Recuperado el 16 de marzo de 2012, de sacrmatematica.blogspot.com: http://sacrmatematica.blogspot.com/2008/07/elips.html

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Categorías: Bloque 7, Clase 29 | Deja un comentario

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